martes, 13 de mayo de 2014

Crónica de una boda apache en tierras de Aztlán





Crónica de una boda apache en tierras de Aztlán. 
Itnuit, hija de Arturo y Miriam, mexicana por sangre y por tierra y Anthony Hijo de William y Nina, norteamericano hasta las cachas, decidieron casarse en tierras de Aztlán acompañados de esa mezcla de culturas y talentos que forman parte de los amigos de quienes viajan sin cesar, a riesgo de hacerlos caer en manos de las hordas salvajes de mexicanos y poner a prueba los sistemas digestivos, físicos y mentales de esta pléyade de súper desarrollados mezclados con los aborígenes, mestizos y criollos del país del maíz y del tomate.
Doce lunas fueron necesarias para concebir, conceptualizar, prever y llevar a cabo los preparativos del magno evento, teniendo a favor la magnificencia de la cultura mexicana y en contra precisamente a los mexicanos y su estilo tan peculiar de hacer las cosas……
“pero eso sí, mañana voy a ir ….
Pero eso sí, mañana sí te pago….
A qué le tiras cuando sueñas sin cumplir…..” 
Todo empezó en el risco más alto de las Montañas Rocallosas en donde Tony, siguiendo rigurosamente el estilo gabacho, en posición rocinante y con una rodilla en tierra le solicitó a Itnuit, al borde del éxtasis que se casase con él:   
“Will you marry me?” 
Mientras le ofrecía en señal de su amor y haciendo eco del lugar en que se encontraban, una roca de tamaño descomunal de origen sudafricano.
Itnuit, exhausta de treparse al peñasco que les platico, muerta de frío y frente a tal regalo respondió sin pensarlo más: 
“Oh Shit” 
Ante tal respuesta, por cierto poco clara de Itnuit, Tony se quedo perplejo pues no sabía si lo habían aceptado o mandado a paseo….
Todo se aclaró, según parece, cuando Itnuit lo acepto de facto, dándole un beso de esos que solamente se deben dar después de haber dicho los tradicionales “Sí acepto”.
Así pues ya en el nivel del piso, Tony cerró su afán de seguir con sus tradiciones y me llamó por teléfono para darme la noticia de que lo habían aceptado en matrimonio y solicitar mi consentimiento. Se imaginaran el sorpresón que me llevé al oír en el teléfono a las 2 de la mañana a mi queridísima hija diciendo:
 
“Papi, no te asustes pero Tony te quiere hablar”
Inmediatamente me asusté, pensando que alguien ya estaba en la cárcel o en el hospital.
 
“Arturo, Iti and I want to get married” 
Ante la sorpresa y sobre todo profundamente jetón, sólo alcancé a balbucear:  
“Good Luck, you’re gonna  need it” 
Y de ahí pal’real… 
10,000 horas de llamadas telefónicas
50,000 horas de discusiones y cabildeos:  
¿Dónde?, ¿cómo?, ¿Quiénes?, ¿cuándo?, se necesitaba tomar la decisión que flotaba en el aire en el pensamiento…. 
¡NOS VAMOS PARA AZTLÁN! 
Si, si, aztlán, el lugar de las flores, del color, del sol y el aroma, el de las tres culturas encrisoladas, del amor, del sabor y la fertilidad, Aztlán, sí, pero: “¿y tú familia Tony?”,
-pues se viene con nosotros¡,
 
¿y tus amigos?
-pues también,
¿y mis franchutes?
–para Aztlán también. 
Todos nos vamos para México y nos casamos allá,  reventándonos a fondo. 
Sin saberlo ni pensarlo, de improviso, surgió como en los cuentos para niños una “Hada Madrina”, dispuesta a sufrirlo todo: exposiciones de “tu boda”, visitas, revisiones, bodas virtuales, discusiones con organizadoras, orquestas y fotógrafos….. , de manera espontánea o como quien dijera voluntaria apareció La Socia. 
Mami, me quiero casar con Tony allá en México, ¿Cómo ves Mamá?; 
Iti, tu di sapo y yo brinco… 
Pero es que la casa esta hecha un desmadre…, pues te la arreglo, es que tengo que encontrar un lugar chingón…, pues te lo encuentro, ¿y las flores?, flores quieres, pues flores te voy a dar.. 
mami pa’ca y mami pa’ya…. 
Poco a poco, se fue hilvanando la telaraña de lo que fue la boda de Iti y Tony entre nosotros, acá donde las cosas se dan como por milagro y el milagro se hizo….
Así todo fue avanzando sin orden ni concierto hasta que llegó la treceava luna, el mes de junio de  2005…. 
Faltaba una pieza en el rompecabezas; el Ilogístico, si, oyeron bien, el ilogístico, porque en Aztlán es imposible encontrarle alguna lógica a algo, aquí todo es ilógico. Como comprenderán por antonomasia, el puesto de ilogístico me tocó a mi, pues soy quien tiene la capacidad de resolver asuntos por ilógicos que estos puedan ser, además que tengo el don nato de poderle sacar cosas hasta buenas, a cualquier nivel de pendejos. 
La lista de asuntos ilogísticos a resolver fue pavorosamente larga: 
-Se realizarían dos cenas rigurosamente mexicanas, en lugares cercanos al hotel donde se alojarían la mayoría de los fuereños, que tuviesen un cuadro pasable y el del jueves que fuese hermoso y que nadie resultase intoxicado, asaltado, ni mucho menos muerto…y se logró con creces, nadie feneció. 
-Se requería transporte para todos ya que el viernes iba a ser apocalíptico: en la mañana Teotihuacan, regresar al hotel, llevar a los necesarios en el ensayo general, regresar por los demás para cerrar el día en Xochimilco cenando con tamales, atole y cervezas, en medio de un tráfico demencial y con los minutos contados… Como comprenderán llegamos a Xochimilco con unos muy buenos 120 minutos  de retraso muy bien contados y cobrados por el señor Chavaría cacique del lugar, quien se ocupó de darnos un excelente paseo al más riguroso estilo tenochtitlano.
….por supuesto, encontrar a un chofer lo suficientemente loco y dispuesto a todo, fue ilogísticamente complicadísimo, ya que por un error, metimos un camión de 20 metros de largo por 3.5 m de alto por el callejón del Calvario en Tlalpan, mismo que se quedó atorado en ese callejón y ni pa’tras ni pa’delante…, hubo que sobornar a un policía, lo que no fue nada difícil, para que le abriera el tráfico y permitiera al chofer circular tres cuadras en reversa, mientras los invitados llegaban con 1:30 horas de retraso al ensayo y a pie, a riesgo de caer en manos de los locales, lo que por fortuna no pasó.
-Había que lograr la publicación de un documento de apoyo bilingüe para la boda, por lo que nos desplazamos al primer cuadro en plena manifestación y pasando primero al reclusorio norte, para checar el camión.
Cuatro horas después llegamos a la plaza de Santo Domingo, frente al edificio de la inquisición, para conseguir a uno de esos pendejos que les comentaba yo antes, quien prometió lo que no podía cumplir. Al final tuve que usar todas y cada una de las argucias antipendejos que conozco y más,  para lograr tener con tres días de retraso los dichosos panfletos, que por cierto superaron las expectativas ya perdidas de los novios.
-Los tamales de Xochimilco fueron una labor bastante complicada, ya que había que convencer a La Socia de que su amiga, quien los prepara deliciosísimos, no tiene la infraestructura necesaria para llevarlos calientitos hasta Xochimilco. Así que terminamos en una degustación de  4,000 kcal en Tamalli, frente al problema de elegir sabores, colores y aromas tomando en cuenta las necesidades de extranjeros, vegetarianos y demás comensales. Esta prueba también fue superada, sin mucho problema para usar los trajes y vestidos que teníamos preparados bajo las tallas de antes de la degustación.
El día 12 Baktum, 19 katum, 12 Tum, 6 Uinal, 8 Kin del calendario Tzolkin sacro, 8 Lamet de los antiguos mayas, todo comenzó pues era el día mismo de la boda y como si la mecha de un torito de Tultepec se hubiese encendido y los cohetes empezasen a tronar, en demencial danza de truenos, centellas y chispas, a las 9:53 sonó el timbre; la Socia salió a abrir, luciendo sus pijamas y regresó con esa expresión tan de Miriam, de que algo está pasando; hay una antes cuerda, que requiere de que la trate AHORA mismo, así que escóndanse todos…, se metió en el cuarto menos tirado con la susodicha y se estuvo ahí hasta las 12, mientras que Itnuit salió a no se que y Marie Jo, le levantaba las bastillas a mis pantalones…
En ese momento, llegó la peinadora quien me sorprendió al no sorprenderse de que no había nadie a quien peinar, así que me senté con ella en la sala a contarle la historia de la loquita inoportuna…. Los minutos pasaban y a instancias de Mimi, me pasaron a mi primero con la peinadora, no obstante que ni siquiera estaba considerado para ello y hasta corte de pelo y tinte recibí.
Muchísimos minutos pasaron en forma  inexorable como suele acontecer con el tiempo, mientras el mismo quedaba detenido en los 13 rollos fotográficos que Benjamín tomó en todo momento.  
A las 5 pm, con puntualidad rigurosamente mexicana (pues la cita para las fotos en La Casa de las Campanas era a las 4:30), salió el cortejo hacia Tlalpan, mientras los demás terminábamos de arreglarnos en medio de un pandemónium de detalles que resultaron siendo interminables, pues los últimos regalos para las visitas que estaba yo haciendo los tuve que dejar inconclusos.
El cuadro final fue fabuloso: 
-las mujeres, Miriam, Simone y Marie Jo terminando de arreglarse para quedar perfectas para la ocasión.
-Didier, quien con su flema característica terminaba algunos de los detalles: los ramos de las Damas de honor, algunos de los regalitos y otros adornos…
-Yo terminaba lo de las bastillas, algunos de los regalos y demás enseres que debía llevar a la boda.
A las 5:30, con una hora de retraso salimos hacia las campanas no sin antes Miriam pasar por Jave, para evitar que llegase a la Casita de las Sopas en lugar de a La Casa de las Campanas.
Ya en el lugar, las bandas de paparazis, se arremolinaron alrededor de los novios para fotografiarlos desde todos los ángulos y con todas las compañías. Ambos estaban hechos unos cromos de bellos y felices…Esta sesión se prolongó hasta que sonaron las 7 campanadas en el reloj que anunciara el inicio de la boda.
El cortejo fue imponente, siguiendo los cánones del tradicionalismo mas completo …. Bajo las notas de la marcha nupcial de Mendelson, desfilaron Damas y Caballeros de Honor, el novio acompañado de su familia, los papás franceses de Itnuit y cerrando el desfile la novia del brazo con nosotros, luciendo la más grande de las sonrisas.
Todos menos las damas y sus acompañantes nos quedamos como espectadores de lo que aconteció.
Enmarcados en un bellísimo arco de flores, los novios quedaron a ambos lados de la imponente magistrado, en su hermoso vestido azul cobalto, nada menos y nada más que Maggie, la prima, la hermana, la tía, la presidenta y ante todo la sacerdotisa de la magna ceremonia.
Sonaron entonces las voces de los apaches enlazadas con las de mis novios durante el rito nupcial de esa etnia: 
“Desde ahora, ya no sentirán la lluvia…”
Y no la sintieron, pues hizo falta, ya que el calor que sí se dejó sentir no se conocía en México en los últimos 123 años.
La ceremonia terminó escuchando los votos de amor y respeto que cada uno de los novios dedicó al otro en su propio idioma. 
El festejo inicio con un vals lento en el más puro Klezmer seguido de un swing, en donde la novia perdió pie haciendo una espectacular caída y enseñando hasta los calzones, dejando al novio sin que hacer más que lanzarse también al piso, tratando de tapar las apariencias, pero creo que ni con la ayuda de la socia, engaño a nadie con que esto estuviera ensayado.
La cena, el baile, la partida del pastel, la despojada de la liga, la lanzada del ramo se sucedieron en una exhalación, bajo el asombro de propios y extraños, en armonía y alegría infinitos hasta que poco a poco sin sentirlo, los viajes del camión de regreso al hotel, al igual que las notas de la música cesaron………  
Todas estas vicisitudes que tuvimos que pasar y más, valieron la pena por una sola de las sonrisas que nuestros hijos Iti y Tony desbordaron por millares durante toda la noche.

 
19.6.5     




domingo, 2 de marzo de 2014

!Papá, ya empiezo a entender el francés¡


!Papá, ya empiezo a entender el francés¡


En el año de 1986, iniciamos mi familia y yo, una aventura increíblemente desafiante: partir a Francia por 4 años, mientras yo estudiaba el doctorado en Ciencia y Tecnología de Alimentos. La decisión en realidad estuvo basada en que Miriam y yo tomamos el reto cada uno desde su punto de vista, quedando los niños incluidos en él, pues eran el factor sine qua non podríamos Miriam y yo enfrentar tal reto.

El salir a otro país es en sí mismo un reto formidable, el hacerlo en familia, lo agranda 100 veces y si por añadidura está el asunto de que nos teníamos que mantener con una beca de CONACYT, lleva los eventos a niveles estratosféricos..

Así y todo lo hicimos, concursé por una beca de CONACYT-CEFI y la gané; con lo que no contaba, es que mi familia llegaría a Francia 6 meses más tarde que yo, después de un curso intensivo de francés de realicé en Montpellier. Así que tuve tiempo de sobra para instalarme en Aviñón, en donde renté un pequeño departamento a 5 minutos en bicicleta de mi trabajo (centro de investigaciones INRA).

Cuando la segunda parte de la expedición llegó a parís, el 13 de diciembre de 1986, el cambio para ellos fue un choque tremendo: País, idioma, clima (hacía un frio de perros) y cansancio propio de 8 horas de diferencia de horario.

Leif, siempre ha sido un chico muy sensible a los cambios, él estaba molestísimo porque no podía entender lo que la gente decía, “¿qué dijo papá, qué dijo? ….” Me espetaba, a lo que yo le contestaba que tuviera paciencia, que en Francia se habla en francés y que las personas no hablan español, pero que seguramente él lo aprendería rápidamente.

Leif se tomó a pecho lo de que en París no se habla en español y durante la semana entera en que los estuve paseando por la Ciudad Luz , él iba por la calle preguntando a todo el mundo “¿hablas español?”; aunque estoy seguro de que alguna persona por ahí lo hablaba, nunca nadie le respondió que sí y al final quedó convencido de que nadie en Francia lo hablaba.

Como Francia es el país de las huelgas, resultó que se pusieron en huelga los encargados de las oficinas de consignación de equipajes. Allá, uno puede poner en consignación una maleta en la estación de París, pero para que quede en consignación en Aviñón, así que las 9 maletas pesadísimas con todas las ropas y juguetes de mis hijos quedaron atoradas por un mes en la oficina de consignación de Aviñón.

Por nuestra parte, nos fuimos a Martigues, una hermosa ciudad mediterránea, cercana a Marsella, que es conocida como la Venecia francesa, pues la recorren canales de navegación, por toda la ciudad, siendo bellísima. En esa ciudad vivía una buena amiga, casada con un francés, a quien visitaríamos por un par de días, para irnos habituando al nuevo país, en una situación más amigable en casa de esta paisana y comiendo a lo mexicano.

Cuando llegamos, ella no estaba, pues seguramente había salido a comer por ahí cerca, así que nosotros hicimos lo mismo, ir a comer algo en un restaurantillo cercano.

Ya en él, nos sentamos en un gabinete los cuatro y mientras platicábamos entre nosotros, la mesera, que seguramente era andaluza de Almería, por el acento, como nos oyó hablando en español, se acercó y se dirigió a nosotros en un español con tremendo acentazo, conservado por los años de hablar en fracés “¿les puedo ayudar en algo?, ¿les puedo traer algo?", entonces Leif con  los ojos abiertos de gran asombro, me dijo:

“Papá, ya empiezo a entender el francés”


Se imaginarán la risa y el júbilo que nos causó, la mesera quedó estupefacta, a lo que le comenté: “disculpe, es la primera vez que oye un acento como el suyo…”

-“Claro es que yo soy andaluza….”

martes, 24 de diciembre de 2013

Los tres en bicicleta





Los tres en bicicleta.

Este blog tiene la intención de recordar y compartir con Leif, Itnuit y Miriam los momentos gloriosos que vaya yo recordando de los maravillosos 20 años en que convivimos los 4 compartiendo espacios, tiempos y experiencias.

Empiezo esta relatoría con una anécdota acaecida durante los 4 años en que vivimos en Francia, mientras yo realizaba mi doctorado de 1986 a 1990…

El hecho de que los cuatro nos hayamos desplazado hacia un país nuevo para nosotros, en donde no conocíamos las costumbres, el idioma y la cultura, nos puso a todos ante pruebas insospechadas, las que sin duda forjaron en algo nuestro carácter, así como la forma en que desde entonces, afrontamos situaciones diferentes y desafiantes.

Resulta ser que como llegué a Francia 6 meses antes que los demás integrantes de mi familia, en lo que ellos llegaban y dado que mi departamento se encontraba a 3 o cuatro minutos en bicicleta del instituto donde realizaba mi tesis, la primera adquisición que hice en el país fue precisamente una bicicleta, misma que conservamos todo el tiempo que permanecimos en Francia.

Un tiempo después, adquirimos un coche, para poder desplazarnos con mayor facilidad los 4, con lo que la bicicleta quedó un poco relegada, al uso que le podíamos dar Miriam mi esposa y yo, ya que los chicos aún eran pequeños para el tamaño de bicicleta.

Con el tiempo, los niños, quienes aprendieron francés en menos de dos meses, se hicieron de amigos en la escuela, Miriam aprendió francés a muy buen nivel y teníamos ya los cuatro nuestros horarios perfectamente acoplados: en la mañana, llevar a los chamacos a la escuela, ir al instituto a trabajar, algunas veces en bicicleta para dejarle el coche a Miriam para que pudiese hacer sus labores y en la tarde pasar por Leif e Itnuit al conservatorio donde estudiaban música para aprovechar sus tardes. En la nochecita, como a las 7, iba Miriam por los chicos al conservatorio, para reunirnos los cuatro a cenar, ya en casa.

Cuando todo parecía estar en armonía, sucedió el milagro…., Miriam consiguió trabajo como maestra de español para la industria agroalimentaria, no obstante que los franceses están convencidos de que ningún extranjero puede hacer algo mejor que ellos, ni siquiera hablar el español, lo que como comprenderán es una sandez descomunal.

En poco tiempo, la fama de la extranjera como maestra de español, se extendió por todo el sur de Francia requiriéndola más y más.

Uno de estos cursos, resultó ser en la tarde, en una ciudad distante 26.4 km de Montfavet donde vivíamos, Carpentras, lo que nos desarmonizó la vida, ante el estudio de las armonías de mis hijos, pues ya se le hacía imposible pasar por ellos a la clase de música, mientras que era imperativo que Miriam usase el coche para ir a dar su clase.

Así que quedé encargado en pasar por ellos, a las 7 de la noche “a como dios me diese a entender”, pues no había posibilidad de tener otro coche ni en sueños, ni siquiera era yo capaz de pagar taxis, con la escueta beca que me dispensaba de vez en cuando el CONACYT; luego el coche, descartado; otro coche, descartado; taxi, imposible a menos que dejásemos de comer.

Quedaron entonces dos posibilidades, a pie, lo que representaba para mí caminar 6 km, 3 con los niños y sus instrumentos musicales o la semiabandonada bicicleta, no tardé mucho en decidirme por esta última, más rápida y con menor esfuerzo.

Desde que este curso de Carpentras inició, cada tarde de música, a las 7 de la noche, circulaban por las calles de Montfavet, tres gallardos personajes, montados en una bicicleta para uno, cargando los instrumentos musicales desde el conservatorio de Montfavet hasta la rue Alain Chartier, haciendo lo posible por conservar el camino, dando los menos tumbos posibles y zigzagueando por los caminillos del lugar, para no tomar ninguna vía principal pues en ellas habría más peligro con los autos y camiones circulando. Yo iba al volante y pedaleando, Itnuit sentada en la pequeña parrilla con el saxofón sobre sus piernas y el insigne Leif sobre el volante, con los pies al aire gritando y dando instrucciones sobre el camino

Así recorrimos la distancia del conservatorio de música hasta casa, mientras el curso de Carpentras se llevaba a cabo. Pueblo chico, infierno grande; fuimos la comidilla del lugar, mientras nuestra aventura ciclística continuó, en opiniones de asombro sobre nuestra osadía, pues quedaban atónitos de lo que hacíamos y de cómo nos divertíamos los tres en bicicleta. Estoy seguro de que alguno de ellos nos habría recomendado para el "Cirque du Solei", si hubiese existido, los comentarios llegaron hasta el instituto donde trabajaba y algunos de mis amigos hasta me ofrecieron ayuda para el transporte. Nunca la acepté, nada me hubiese quitado un ápice de esos momentos gloriosos de convivencia entre los tres.